Fragmento diacrónico.

No había bebido tanto esa noche...





-¿pretendes que soy estúpida?

Ella terminó su pregunta y yo comencé a revolver mi cajón de respuestas emergentes. -¡contéstame!, inquirió -¿o no puedes?, ahondó. -Bien entonces ¡me voy! ¿escuchaste? ¡Me largo!, amenazó. 

La vi por ahí de un lado a otro del departamento, escuchaba sus tacones, en especial el derecho que no tenía la gomilla. Acomodaba sus pelucas en la maleta de ese pinche oso insípido pero costoso y preciado, la cosa iba enserio. Entonces, descansé la nuca sobre la espalda y cerré los ojos unos segundos para poder concentrarme en decir las palabras tan infalibles como inefables. Recordé lo mucho que la quería lamiéndome las orejas. Así que abrí los ojos exclamando un poderoso "-¡Yo te am...!". Pero me quemó los ojos con su brillo... o en el lado menos poético, era este incisivo sol entrando por la ventana.
Siendo precisos, yo pedí mi habitación con vista al bar. El mar me recordaba en lo bella que te veías caminando en la arena pero, también me recordó que le mandaste esa misma postal a él desde tu celular. Además, Fito Páez me decía por primera vez que si algo aprendimos en el mundo es que el mejor momento aún no había venido, que estaba por llegar.

Pedí un gintónic y el barman como siempre lo sirvió cargado, porque seguramente era oso negro. Casi todas las mesas estaban ocupadas en charlas que me encogían los hombros. Rebeca ya se andaba ligando a unos europeos que babearon su piel morena. Y los demás bebíamos mientras platicaban de una de las rubias del harén. Digo que platicaban porque seguidamente me salía a la palizada con bebida en mano y echaba a la mesa el tremendo poder de cerrar los ojos y encontrarte en mis pensamientos. Te quiero, es lo que sé hacer. Pero también tengo en mí algo muy poderoso que es la certeza de saberte perdída. Con eso lucha uno cuando el amor ya no da más.

La incertidumbre me llegó con el amanecer de este verano. Cuando ya las fogatas humeaban y la pasión descansaba. Yo en la arena ya siendo poeta, y uno un poco borracho, me reprochaba mi habitación con vista al mar. Sé que los demás me dicen que apesto. No porque no me haya bañado más que en cerveza. Sino por estar aquí y no dejarte allá. Pero es que el amor no es biodegradable. Y no entienden lo mucho que necesitaba que te preocupara tu ausencia tanto como a mí.

Miré a todos echados sobre la arena, terminados, derramados. Entonces tuve la idea. Bebí el último sorbo de whisky con arena, mientras corría tropezando hacia el mar. A lavar mis penas -¡Sí!- recordando que yo era inteligente, luego me enamoré. Ya casi llegaba e imaginaba las olas del mar llevándose mi pena. Mis equivocaciones, porque me equivoqué al creer que tenías cara de necesitar a alguien como yo.

Tropecé con una piedra invisible y caí probando la arena seca, no alcancé a llegar. Y tirado ahí a media playa, limpiando la arena de mi lengua con los labios, una de las gaviotas con aliento a tortilla al mojo de ajo, me decía que enamorarse va más allá de principios y finales. Y que a final de cuentas la memoria de mi piel está echa de un gran rompecabezas.

No puedo ayudarte, me delata tu mirada. Me siento torpe y tonto. Me desarmas y el tiempo juntos se vuelve insustancial. Algo seguro es que yo no te juzgaré, no soy tu padre ni tu madre, tampoco tu cortejador de a la vuelta de la esquina. Nada de lo que hagas sera cuestionado. Anímate y entremos juntos a este astillante jardín de situaciones. (15 octubre 2010)

Pequeño episodio nocturno
En la orilla de la banqueta me senté y topé con un tópico poco usual en mí. Tu sonrisa como humeante espíritu de belleza cuestionando mis raíces. También recordé a Carlitos Zapata diciendo que la banqueta siempre será nuestro hogar. Él y yo no tuvimos un hogar en aquellos tiempos. Así que lo inventabamos y la pasábamos bien. Por mi parte eran las aventuras en Tlalpan, y en la pulquería que estaba sobre mesones, en el centro histórico. Me gustaba mucho porque daban buenas botanas. Chicharrón prensado en salsa o nopalitos con frijoles. Y yo era feliz con la rockola... ¡Oh! recuerdo como bailaban "azul" las chicas mientras armaban mesas improvisadas con barriles viejos Ahora ya no estoy allá. Estoy de vuelta en casa, porque el hogar lo tuve y, porque el mismo me buscó cuando me necesitó.

Supuse que la llegada a casa siempre fue necesaria. El hijo que se va tiene que volver. El que se queda tiene que irse. Es una ley de la vida. Nunca caí en el axioma de la familia disfuncional. Todos lo somos. Pero aprendí a pensar solo y eso nos sirvió a las dos partes.

Pensando en eso y siguiendo en la banqueta de usumacinta frente al tanque elevado observé que caminabas. Tú no me habías visto, ventaja para mí porque pude ver tu cadencia animosa y audaz. Venías saltando los charcos que el fuerte chubasco había dejado. Le sonreí a la vida, porque en tu cabello empapado, mis tenis mojados encontraron empatía. Nos vimos, abriste la boca me abrazaste y preguntabas donde carajos me habia metido todos estos años. -"En la cabeza de mucha gente", contesté.

Fuimos por café del oxxo. Me contabas todo tan a detalle que sentí que tu vida se había llenado de tu vida. No parabas de hablar hasta que vimos aquel graffiti que tenía dibujada una rockola. Nos acordamos de las caminatas nocturnas por el zócalo y lo que sucedía a tres cuadras de allí.

Ahora te dedicas a otra cosa, pero no has dejado la alfarería. Aún conservas tu horno y tu mesa top giratoria de pedal. La foto de tu bebé hermoso mordiendo su brazo. Yo todavía no tengo pero me auguras una niña. También me ves delgado y feliz.

Es que ya encontré mi casa, exclamé. O el hogar me encontró a mí ¡Qué se yo! Pero nos da tanto gusto saber que las cosas no han cambiado tanto. Para aquellos que se fueron o los que van llegando.

mp3 del post

Real de Catorce - Azul.mp3

No se puede tener miedo a lo que nunca has buscado.
"Los tres" le dicen que se despida con un beso. Por eso usa gloss discreto. Quema en un disco 120 canciones para reproducirlas en el estéreo del auto. Pero ella se fue directo a la canción 17. Y la repite una y otra vez a veces sin dejar que termine la anterior.

Llega 10 minutos antes. Y espera 30 más hasta que él llegó. Le abrió la puerta, permitiendo que ella pasara. Colocó su mano en la espalda y eso la pone siempre nerviosa. Él lo sabe.

Le invitó agua, no. ¿Café? No. ¿Un trago? Tal vez... Le sirve ron con coca. Y esta vez se acordó de la lasca de limón, exprimirla y luego dentro sin revolver. -Quizá porque sabe que me va a coger, piensa.

No deja que ella tome el tercer trago cuando baja el cierre sacando el hierro hirviente de la bragueta. Se la chupó dos y tres veces, luego más. Hasta que la boca se cansó. Y el trago llegó directo a la garganta.

Lo miró caer y entonces se regocijó al verlo llorar. Lloraba como un chiquillo al que le habían quitado un juguete, o como un adulto al que le quitaron la infancia. Sonriente le besó la frente. Lo arrulló hasta dormir. Se acabó el vaso de ron, masticó la lazca y se marchó.

Esa fue la última vez que lo vio. Entonces sonriente le dio la bienvenida a la canción 18 que tarareaba porque aún no la conocía bien, pero lo hacía sonriente y algo feliz...

mp3 del post

Los tres - Despidete con un beso.mp3
El primero de este año a primeras horas tuve mis primeras impresiones. Mis primeros pensamientos afirmaban las ideas que caían como la cascada en donde enraicé mis ojos.

-Agua color turquesa semi transparente-

Nada mejor para lavar la conciencia un poquitín percudida. Como las calcetas q observas al quitartelas y piensas que aguantan otras dos puestas.
He pensado en el dolor de pecho. Creo que aun no supero el amargo licor de haberte compartido, no lo haré y preciso una cerveza. Aunque también puede ser lo que dijo el cardiólogo.
-El hubiera si existe, es sólo que nadie lo usa, -pienso mientras arrojo un par de piedras planas que saltan en el arroyo hasta hundirse tan profundo, para no salir jamás, pues que se creyeron.

Jamás contar caricias. Ni com - parar amor. Deberían aprender los amorosos. Las heridas con salitre pertenecen al sincero ojo de quien las cura. Las heridas son diferentes, a veces poco profundas pero con mucha intención como este "poste de ocasión".

Que alegría sentir q las palabras fluyen de mí de nuevo con tanta soliidez. Como el agua color turquesa de este inicio de año.
Aunque tardíamente sello este año y esta temporada. Pronto muy pronto vendrán nuevas cosas que están aun en archivo de voz o pequeños papeles o notas de mi móvil. También le daremos una nueva imagen a este lugar con la ayuda de Matus ^___^. ¡ Después de 4 años lo merece !

mp3 del post
devendra banhart – at the hop.mp3
Caray ¡qué bueno eras! No dudo ni un segundo en decírtelo como en recordarlo. Hoy ya cumpliste diez años desde que brincaste tan alto que te confundieron con un ángel vestido al "Grunge" pero al Grunge como de Chris Cornell. Tendrías los 35. Y me dirías qué se siente cuando tengo 27. Yo seguiría pensando en tu signo de Escorpión y de qué tanta razón había en eso. Me identificaba tanto contigo. Ahora mismo siento que hablaríamos y que hablaríamos mucho. No sé si coincidiríamos. Pero tendría especial atención en saber que opinabas de este arte que llevo dentro. De este tipo de relaciones que tengo con mis relaciones. De la política de hoy, quizá la indiferencia efímera por el calentamiento global y con ello los desastres naturales.
¿Qué pensarías de
Spencer Tunick? De los libros que leo y que leí. Del Google, Twitter o Facebook. De lo increíble que es encontrar cosas de antaño en You Tube y no sentirte tan solo en los gustos. De las canciones que aprendí. Del nuevo Metal. Del las risas del sobrino cuando quiere algo y de su llanto cuando quiere nada. De las enfermedades de la familia. De Hugo Chávez, De Benedicto, del Chicharito Hernández.
Del coma de
Cerati. De la afición que nació en mi por Fito Páez a partir de la primera canción que me enseñaste ¿Aprenderías piano conmigo? De las chicas locas, de mi don... ¿Te gustaría Dr. House como a mí?. De la ladrona de libros. Del pulpo Paul. De Jason Becker. De la nueva era de la fotografía y el cine. Del ipod y ipad. De mis hermanos. De mi. De los reality shows. De mis viajes. ¿Chávez Jr. o el Canelo? Mira las USB de 36 G y los discos duros de 1 tera. Del gobernador y el presidente. Del crecimiento musical de los escuincles que enseñaste a tocar guitarra. Seguro tendrías un blog, se llamaría Zoom. Del Mágico Sol y de Monasterium. Del mundo al revés, de la boda de Lidio. De escuchar Muse a todo volumen. Del Peje peleándose con Loret de Mola y de paso de Brozo. El Sushi y el Sirloin.
Que pensarías de Obama, de la ley
anti-inmigrante, de la invasión a Irak, del mundial y de argentina metiendonos gol de nuevo, de la forma de mi prosa. ¿Qué tanta distancia habrías tomado ya? Del día que toqué "crisis" y te derramaste sobre mí. Cuando tocaste "Sonriendo niña" y me derramé sobre tí.

De miles de cosas... que me gustaría platicar de este mundo que deberías ver y que risa te daría porque no es un secreto saber que... SI SE PUDO PONER PEOR. Y no se quiere componer.

Que tal si nos pusieramos a hablar del mundo con lo que yo llamo Capitalismo Acidopéptico. Sobre los nuevos restaurantes y la comida más rapida. Sobre los nuevos talentos en la música. Que hay del perro grande pero acortado llamado Lennon. Sobre los Emos y demas etnias urbanas, de la apertura gay y de los 700 pensamientos que se cuelgan en mi cabeza día con día.

Aun recuerdo el último tópico que tuvimos... La gran lección que me diste y que ahora gracias a mi propia experiencia puedo entender como una sola cosa, amar con dignidad.

Me dejaste las ganas del poco dormir, de tener abiertos los ojos el mayor tiempo posible para poder vivir la vida lo más que se pueda.

Pero sólo me queda el presentimiento de lo que deberías estar pensando. Y para eso me sirven todos los que te recuerdan este día que cumples 35. ¡Caray qué bueno eras para vivir tan rápido el cuarto de siglo que viviste aquí! Viajaste, amaste, reíste, te dolió. La desilusión como tormenta de playa, la calma como brisa; no dormiste, lo hiciste de más, tuviste terribles resacas, tocaste ante tanta gente un instrumento que había sido hecho para ti. En 25 años te quedaste en la mente de muchos de nosotros que no podemos olvidarte. En el alma de la casa de nuestros padres. Y en el corazón de quien en ti halló algo más que un lazo afectuoso. A veces me falta tu voz para comprender la realidad. Pero te alegrará saber que estoy bien hermano mayor y que el trago de la vida a veces es amargo pero se me suele endulzar a menudo.

Gracias Totales, Ricardo Acevedo Arias


Silvio Rodriguez - Crisis.mp3
El miedo que me demuestras, te hace fiel prospecto a mi concupiscencia. Tambien tu paz.

Bhannana - Tu paz.mp3
---postalazar--