No puedo ayudarte, me delata tu mirada. Me siento torpe y tonto. Me desarmas y el tiempo juntos se vuelve insustancial. Algo seguro es que yo no te juzgaré, no soy tu padre ni tu madre, tampoco tu cortejador de a la vuelta de la esquina. Nada de lo que hagas sera cuestionado. Anímate y entremos juntos a este astillante jardín de situaciones. (15 octubre 2010)

Pequeño episodio nocturno
En la orilla de la banqueta me senté y topé con un tópico poco usual en mí. Tu sonrisa como humeante espíritu de belleza cuestionando mis raíces. También recordé a Carlitos Zapata diciendo que la banqueta siempre será nuestro hogar. Él y yo no tuvimos un hogar en aquellos tiempos. Así que lo inventabamos y la pasábamos bien. Por mi parte eran las aventuras en Tlalpan, y en la pulquería que estaba sobre mesones, en el centro histórico. Me gustaba mucho porque daban buenas botanas. Chicharrón prensado en salsa o nopalitos con frijoles. Y yo era feliz con la rockola... ¡Oh! recuerdo como bailaban "azul" las chicas mientras armaban mesas improvisadas con barriles viejos Ahora ya no estoy allá. Estoy de vuelta en casa, porque el hogar lo tuve y, porque el mismo me buscó cuando me necesitó.

Supuse que la llegada a casa siempre fue necesaria. El hijo que se va tiene que volver. El que se queda tiene que irse. Es una ley de la vida. Nunca caí en el axioma de la familia disfuncional. Todos lo somos. Pero aprendí a pensar solo y eso nos sirvió a las dos partes.

Pensando en eso y siguiendo en la banqueta de usumacinta frente al tanque elevado observé que caminabas. Tú no me habías visto, ventaja para mí porque pude ver tu cadencia animosa y audaz. Venías saltando los charcos que el fuerte chubasco había dejado. Le sonreí a la vida, porque en tu cabello empapado, mis tenis mojados encontraron empatía. Nos vimos, abriste la boca me abrazaste y preguntabas donde carajos me habia metido todos estos años. -"En la cabeza de mucha gente", contesté.

Fuimos por café del oxxo. Me contabas todo tan a detalle que sentí que tu vida se había llenado de tu vida. No parabas de hablar hasta que vimos aquel graffiti que tenía dibujada una rockola. Nos acordamos de las caminatas nocturnas por el zócalo y lo que sucedía a tres cuadras de allí.

Ahora te dedicas a otra cosa, pero no has dejado la alfarería. Aún conservas tu horno y tu mesa top giratoria de pedal. La foto de tu bebé hermoso mordiendo su brazo. Yo todavía no tengo pero me auguras una niña. También me ves delgado y feliz.

Es que ya encontré mi casa, exclamé. O el hogar me encontró a mí ¡Qué se yo! Pero nos da tanto gusto saber que las cosas no han cambiado tanto. Para aquellos que se fueron o los que van llegando.

mp3 del post

Real de Catorce - Azul.mp3

No se puede tener miedo a lo que nunca has buscado.
---postalazar--