Siendo precisos, yo pedí mi habitación con vista al bar. El mar me recordaba en lo bella que te veías caminando en la arena pero, también me recordó que le mandaste esa misma postal a él desde tu celular. Además, Fito Páez me decía por primera vez que si algo aprendimos en el mundo es que el mejor momento aún no había venido, que estaba por llegar.

Pedí un gintónic y el barman como siempre lo sirvió cargado, porque seguramente era oso negro. Casi todas las mesas estaban ocupadas en charlas que me encogían los hombros. Rebeca ya se andaba ligando a unos europeos que babearon su piel morena. Y los demás bebíamos mientras platicaban de una de las rubias del harén. Digo que platicaban porque seguidamente me salía a la palizada con bebida en mano y echaba a la mesa el tremendo poder de cerrar los ojos y encontrarte en mis pensamientos. Te quiero, es lo que sé hacer. Pero también tengo en mí algo muy poderoso que es la certeza de saberte perdída. Con eso lucha uno cuando el amor ya no da más.

La incertidumbre me llegó con el amanecer de este verano. Cuando ya las fogatas humeaban y la pasión descansaba. Yo en la arena ya siendo poeta, y uno un poco borracho, me reprochaba mi habitación con vista al mar. Sé que los demás me dicen que apesto. No porque no me haya bañado más que en cerveza. Sino por estar aquí y no dejarte allá. Pero es que el amor no es biodegradable. Y no entienden lo mucho que necesitaba que te preocupara tu ausencia tanto como a mí.

Miré a todos echados sobre la arena, terminados, derramados. Entonces tuve la idea. Bebí el último sorbo de whisky con arena, mientras corría tropezando hacia el mar. A lavar mis penas -¡Sí!- recordando que yo era inteligente, luego me enamoré. Ya casi llegaba e imaginaba las olas del mar llevándose mi pena. Mis equivocaciones, porque me equivoqué al creer que tenías cara de necesitar a alguien como yo.

Tropecé con una piedra invisible y caí probando la arena seca, no alcancé a llegar. Y tirado ahí a media playa, limpiando la arena de mi lengua con los labios, una de las gaviotas con aliento a tortilla al mojo de ajo, me decía que enamorarse va más allá de principios y finales. Y que a final de cuentas la memoria de mi piel está echa de un gran rompecabezas.

1 mareos:

Crayola dijo...

amo tus palabras tanto como te amo a ti =)

---postalazar--